martes, 6 de septiembre de 2016

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                                                     Divagaciones en el Tapón



Cada mañana tardo aproximadamente una hora para recorrer  siete kilometros desde mi casa hasta la universidad, lo que implica tener que levantarme unas dos o tres horas antes de mi primera clase del día, y, fruto de mi vagancia me pongo a analizar las razones por las cuales tengo que perder mis preciadas horas de sueño.

¿Por qué tardo una hora en un recorrido de siete kilometros si voy en un vehículo que puede recorrer unos 60km/h?

Encuentro la respuesta justo al otro lado del parabrisas: una inmensa fila de vehículos que imposibilitan mi avance.
Los tapones son el natural resultado de la incapacidad de coordinación entre los conductores y aunque es imposible lograr que cada persona esté perfectamente coordinada con las demás, se crean una serie de reglas que, si todos siguen, pueden resolver este tipo de problemas con relativa facilidad. Si cada conductor acata las leyes de tránsito al pie de la letra, los tapones, sin lugar a dudas, desaparecerán.

Y sería  realmente genial, todos hacen lo que deben hacer y vivimos felices para siempre.

Pero... las cosas no funcionan así.

Somos muchísimas personas, cada una con ideas, actitudes, opiniones y prioridades que influyen en todos los aspectos de su vida, incluyendo su manera de conducir, por lo que lograr que cada individuo tenga el deseo y la capacidad de acatar las normas es mas bien imposible.

Entonces, ¿qué? ¿estoy destinada a pasar incontables horas de mi vida en medio de un tapón? 

Probablemente si. Sin embargo, puedo soñar con una mejor situación porque existen formas de resolver los problemas del tráfico. Son soluciones viables, que aunque requieran un esfuerzo considerable, traerían muchos beneficios.

Y resulta que, sin ser sorpresa para nadie, la solución ideal viene de la mano de la ciencia y la tecnología, esta es, el vehículo autónomo, esto a cualquier dominicano le suena más a un asunto de ciencia ficción, sin embargo, forma parte de una realidad cada vez más cercana.

El vehículo autónomo es aquel que puede manejarse solo, sin necesidad de ser controlado de forma directa por una persona, gracias a tecnologías como el radar, el láser, el posicionamiento global y la visión computarizada. 

La implementatión de vehículos autónomos traería un sin número de beneficios de índole exonomico, social y medio ambiental. 

Las tecnologías que se requieren para lograrlo están altamente desarrolladas, por lo que la incapacidad no es un pretexto. Podemos resolver este y muchos otros problemas fácilmente,  todo lo que se necesita es voluntad.

Conocimiento y poder


El filósofo francés Michel Foucault fue el gran analista moderno de las maneras en que el conocimiento confiere determinadas formas de poder. Este autor tenía en cuenta el desarrollo de conocimiento cada vez más elaborado y más denso que serviría a los fines de un control cada vez mayor sobre individuos y grupos.

Michel Young acuñó el término «rneritocracia», y con éste intentó describir con tintes dramáticos la situación de una sociedad en la que una pequeña porción de gente capacitada puede controlar a la sociedad entera. Foucault analizó más detalladamente esa dominación; la élite se metería bajo la piel de las masas haciéndoles sentir que no se entienden a sí mismas, que no son intérpretes adecuados de su propia experiencia vital.

Los individuos que carecen de talento se vuelven invisibles, simplemente desaparecen de la vista en instituciones que encubiertamente juzgan la capacidad más que el resultado real. Otra vez, aquí las organizaciones repiten algo que tal vez la gente ya ha experimentado en la escuela en una etapa anterior de su vida. Los jóvenes a los que se considera desprovistos de talento no sobresalen como individuos con características propias, sino que se convierten en cuerpo colectivo, en masa. La meritocracia, tal como la entiende Young, es un sistema y al mismo tiempo una idea, un sistema basado en la indiferencia institucional una vez se ha juzgado a una persona.

El problema no es sencillo, justamente porque las búsquedas de talento no tratan de echar una red amplia capaz de recoger por igual los diversos tipos de capacidades que puedan poseer los distintos individuos; la búsqueda de capacidad potencial es estrecha de miras.

A menudo, aquellos de quienes se ha prescindido son buenos intérpretes de su experiencia: en realidad, no han sido juzgados justamente sobre la base de sus resultados.

En resumen, el espectro material de la inutilidad saca a la luz un grave drama cultural. ¿Cómo se puede llegar a ser valioso y útil a ojos de los demás? La manera clásica de hacerlo es la propia de la artesanía, es decir, mediante el desarrollo de algún talento especial, de alguna capacidad particular.

En el curso del tiempo, la sociedad ha refinado la tecnología de búsqueda de talento extraordinario, explorando la potencialidad para crecer y no los logros del pasado.

El Talento y el fantasma de la Inutilidad

En su libro la cultura de un nuevo capitalismo, Sennet habla de este tema en nuestra sociedad moderna. Se refiere a este tema desde el punto de vista del trabajador y también del buscador de empleados. Actualmente lo que ocurre en sociedades modernas es la búsqueda de mano de obra barata pero a su vez talento barato,  a la automatización que puede cumplir varias tareas a la vez, y a dejar de cuidar de los trabajadores mas veteranos cuando ya estén jubilados con pensiones y otros detalles.

Este temor no es nuevo, se ha ido gestando en las transformaciones ocurridas en las sociedades tradicionales y modernas, en años previos a la revolución industrial. Pero en las economías globales, ese temor adquiere nuevos matices que interesa explorar, al menos para que el fantasma cobre cuerpo. Tres son las fuerzas que a juicio de Sennett conforman este temor. La globalización de la fuerza del trabajo, las tecnologías y la edad o el envejecimiento. 

LA COMPRENSIÓN DE UNO MISMO

 Hace muchos años, en La división del trabajo, Émile Durkheim comprendió el inmenso valor que los individuos confieren al hecho de ser capaces de incluirse en una categoría. En la década de 1970 los hombres tenían un profundo interés en el trabajo como fuente de honor familiar y comunal, con total independencia de las satisfacciones que el empleo les produjera por sí mismo. Esto quiere decir que a los trabajadores lo que les importaba era en la posición social que los ponía su oficio, así mismo los trabajadores veían a las organizaciones. Poniendo en práctica la "ética protestante". Como demostración podemos destacar que en Estados Unidos y Gran Bretaña trabajar para el gobierno significaba en particular acceder al estatus del funcionario.Resultado de imagen para clase trabajadora 1970

La ética protestante de Max Weber.
El motor temporal que impulsa La ética protestante es la gratificación diferida en nombre de las metas a largo plazo. Weber creía que este motor temporal era el secreto de la jaula de hierro, ya que la gente se encerraba en instituciones fijas porque esperaba poder permitirse al final una recompensa futura. La gratificación diferida hace posible la autodisciplina. Es decir, soportamos todo lo que venga en el trabajo con tal de conseguir la gratificación final que habíamos visualizado.
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jueves, 25 de agosto de 2016

Culturas juveniles


En la mayoría de las sociedades occidentales y sociedades desarrolladas, los grupos de adolescentes crean sus propias culturas. Las culturas juveniles surgieron en el mundo occidental en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin las responsabilidades de la etapa adulta y con una mayor capacidad adquisitiva, pronto surgió un mercado centrado en los jóvenes. Aparecieron nuevos productos especialmente dirigidos a ellos (discos, películas, la ropa deportiva o juvenil) que tenían tiempo y dinero para consumirlos. A partir de estas condiciones materiales los propios jóvenes terminaron creando sus propios estilos de vida, sus propias culturas.




Se han hecho algunas investigaciones de carácter etnográfico y basadas en la metodología de la observación que han servido para describir los símbolos, el lenguaje, los valores y otros aspectos de la cultura de estos grupos juveniles. El estilo y apariencia externa de estos grupos juega un papel muy importante, y muchas veces sirve para parodiar la cultura consumista de la que ellos mismos son parte.

Algunos sociólogas han sugerido que estas culturas juveniles son modos de lidiar con los problemas que generan, por un lado, las demandas generales de la sociedad, y por otro lado, los valores, cultura o estilos de vida de los padres. 

Las culturas juveniles cruzan las fronteras; en parte debido al lenguaje común de la música pop, a la televisión por cable y por satélite, etc., los jóvenes imitan otros estilos culturales, pero lo hacen siempre de un modo un tanto particular, adoptando rasgos culturales de procedencia diversa, de lo que resulta una mezcla de valores, moda, preferencias musicales, de consumo, etcétera.


¿La cultura separa a la sociedad?

La diversidad cultural se observa también entre clases sociales. La palabra "Cultura" tiene la misma raíz latina que la palabra "cultivar", lo que indica que una persona culta es aquella que se ha cultivado o refinado los gustos. Por ende, solemos pensar que profesores universitarios, grandes artistas o simplemente personas con gustos refinados son personas cultas. Un ejemplo claro son los gustos musicales, generalmente las personas piensan que en Estados Unidos la música clásica es más culta que el rap, y en verdad no es así. Ambos géneros musicales son cultura en ese país, lo que pasa es que la cultura se subdivide en "Cultura elitista" y "Cultura popular". Se dice que la élites sociales refinan sus gustos para diferenciarse de quienes no están a su altura. 
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La cultura elitista, se utiliza para referirse a las manifestaciones culturales que sirven a las élites para diferenciarse del resto de la sociedad. Por otro lado, se conoce como cultura popular, a las manifestaciones culturales ampliamente difundida entre los miembros de una sociedad. 

Los sociólogos, a diferencia de la mayoría de las personas, no están de acuerdo con que haya una clase que sea culta y otra que no. Por esto, cuando los sociólogos se refieren a cultura, no hablan de música clásica o grandes obras de arte, se refieren a toda manifestación cultural, sea refinada o no.
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Disney, un factor cultural trascendente

                               

A la hora de analizar las diferentes culturas de la sociedad, no hay duda que el mundo del entretenimiento y los medios de comunicación en masa juegan un papel fundamental, hasta el punto de poder manipular incluso el comportamiento de las personas, por citar un caso. Y es en este empresas como Disney entran en el plano.
Fundada el 16 de octubre  de 1923 por Walt Disney y Ub Iwerks, 

es la segunda compañía de medios de comunicación  y entretenimiento más grande del mundo. Sus parques temáticos, artículos y canales de cable han llegado hasta cada rincón del mundo. Disney ha influido en el comportamiento y lenguaje de los niños, en las estrategias de venta de otras empresas, e incluso en el rol que juegan las mujeres en la sociedad. También ha sido responsable por la creación de innumerables leyendas urbanas y mitos, y el desmantelamiento de algunos tabúes
 Incluso se han creado términos referentes a la empresa, como el de Disneyficación.

Cerca de 100 años de su fundación, Disney ha logrado mantenerse como una empresa líder. Esto nos hace preguntarnos, ¿hasta dónde llegará el impacto cultural de Disney? Y ¿cómo afectará este a las generaciones venideras? Es difícil  saberlo, pero una cosa es segura: Disney ha dejado un legado cultural.